“Las aventuras de Tintín: El
secreto del unicornio” es una película para recomendar a ciegas, sin más.
Aventuras en estado puro con un empaque visual apabullante en casi todas sus
escenas. La historia es entretenida, con personajes algo desdibujados (para
quien no conozca los comics de Tintin) pero que consigue avanzar sin demasiado
titubeo. Después del fracaso de “Indiana Jones y la calavera de cristal” queda
claro que Spielberg se ha reinventando la franquicia uniéndola a la de Tintín y
creando algo parecido a un Indiana Jones francés del que incluso se permite
homenajear al autentico Indiana (en la hilarante escena en que Milou persigue
al camión donde se llevan secuestrado a Tintin). La película es sorprendentemente divertida
(muy divertida), también inteligente, rápida, espectacular, emocionante y sobre
todo rezuma amor por todos sus poros, amor por el autentico cine de aventuras.
Por el cine, en mayúsculas. Amor de adultos jugando a ser niños. Dijo Orson
Welles que el cine es el tren eléctrico más grande del mundo. Si el señor Welles
viese esta película volvería a pronunciar esa frase con total convencimiento.
Técnicamente es impresionante,
perfecta en todos y cada uno de sus planos, Spielberg mueve la cámara con maestría
absoluta (si es que existe el concepto “mover la cámara” en una película de
animación) regalándose algunos planos
“imposibles” que nos dejan con la boca abierta. La escena de la persecución en
moto es todo un prodigio de lo que el cine “real” nunca podrá conseguir. Pero
es que, además, Spielberg no abusa de las trampas, va directo al grano y solo
utiliza el virtuosismo que le proporciona el cine de animación cuando lo
necesita. Usa pero no abusa y lo hace de una manera sutil, inteligente.
En cuanto a los “actores” todos son magníficos pero el que se lleva la palma es el personaje del Capitán Haddock, un ejemplo de lo que deberán ser los personajes de animación a partir de ahora tanto en el apartado técnico como en la parte humana. Nunca se había visto nada parecido en el cine y será difícil volver a verlo a no ser que Spielberg se vuelva a sacar ese magnífico as de la manga. Haddock es hilarante, emocionante, es sensible, divertido, está vivo, a pesar de estar animado rezuma vida por todos y cada uno de sus poros. El personaje del Capitán Haddock es simplemente perfecto y Spielberg, sabedor de lo que tiene entre manos, retrasa su aparición en el filme para que no se coma el personaje de Tintin pero después le da absoluta cancha y acaba convirtiéndose en el autentico protagonista del filme.
Una película entretenidísima para cualquier tipo de público, algo infantil en su planteamiento aunque eso no lastra el conjunto. Rápida, emocionante y sobre todo, divertidísima. Una película de las que ya no se hacen aunque sea la primera vez que se ha hecho.
En cuanto a los “actores” todos son magníficos pero el que se lleva la palma es el personaje del Capitán Haddock, un ejemplo de lo que deberán ser los personajes de animación a partir de ahora tanto en el apartado técnico como en la parte humana. Nunca se había visto nada parecido en el cine y será difícil volver a verlo a no ser que Spielberg se vuelva a sacar ese magnífico as de la manga. Haddock es hilarante, emocionante, es sensible, divertido, está vivo, a pesar de estar animado rezuma vida por todos y cada uno de sus poros. El personaje del Capitán Haddock es simplemente perfecto y Spielberg, sabedor de lo que tiene entre manos, retrasa su aparición en el filme para que no se coma el personaje de Tintin pero después le da absoluta cancha y acaba convirtiéndose en el autentico protagonista del filme.
Una película entretenidísima para cualquier tipo de público, algo infantil en su planteamiento aunque eso no lastra el conjunto. Rápida, emocionante y sobre todo, divertidísima. Una película de las que ya no se hacen aunque sea la primera vez que se ha hecho.
Lo mejor: el personaje del
capitán Haddock. La técnica de la animación. El sentido de la aventura. Las
referencias a otras películas de Spielberg (el sutil homenaje a “Tiburón” es
especialmente divertido). El ritmo.
Lo peor: una banda sonora del
maestro John Williams que –aunque funciona- suena a refrito. Algunos personajes
secundarios están poco trabajados en cuanto a la profundidad emocional (pese a
que técnicamente son perfectos). Tintin pierde fuelle en cuanto aparece el
capitán Haddock. Cierta sensación de “frialdad” en algunas escenas.
