
El principal problema –y al mismo tiempo la mejor virtud- de “
Transformers, la venganza de los caídos” es que todo suena a exageración, una exageración que acaba fallando por pura acumulación, como un empacho de caviar iraní, comienza siendo un placer y acaba siendo una tortura. La película se convierte rápidamente en una montaña rusa aun más grande que su predecesora donde siempre se ha primado la forma por encima del fondo. La historia es ridícula, la repetición de la formula de su predecesora suena a plagio infantil. Simplemente se han limitado a coger lo que funcionaba, multiplicarlo por cien y servirlo bellamente empaquetado. Tiene sus meritos, eso si, el ritmo apenas decae, los efectos especiales son apabullantes y el conjunto tiene un ligera carga cómica (e incluso sexual) que la aligera en ciertos momentos. Pese a ello la película es una exageración innecesaria a la que le sobra mas de una hora de metraje y le falta historia. No es una buena película, tampoco es mala, simplemente es prescindible. No obstante el que suscribe se lo pasó en grande visionándola. ¿El motivo? Me olvidé de todo durante dos horas y media y después de salir del cine me olvidé de la película a los cinco minutos.
“Transformers, la venganza de los caídos” es al cine como un polvo rápido en los lavabos de una discoteca es al sexo.
A favor: su falta de pretensiones (la asunción de producto de consumo)
Lo peor: la exageración por encima de la narración